Artes escénicas

Danza Comtemporánea de Cuba Una mezcla única cubana de teatro estadounidense moderno, estilos de danza afro-caribeños y ballet clásico europeo.

No tienes que ir a buscar la danza en La Habana. La danza te atrapa y te envía hilando un contratiempo al medio de las multitudes alborozadas de los clubs nocturnos de la ciudad, a los espacios creativos y a los teatros de ballet. Y además están los carnavales, los festivales callejeros, los rituales de la Santería, las celebraciones familiares y las fiestas caseras, donde no bailar es casi como no respirar….

La danza ha sido un componente esencial de la vida cubana desde que se trajeron aquí a los primeros esclavos del África Occidental en el siglo XVI. Sin embargo, la danza contemporánea es algo relativamente reciente, que comenzó en 1959, cuando Ramiro Guerra fundó el Conjunto Nacional de Danza Moderna. Guerra, que había bailado con la compañía de Martha Graham en Nueva York, convirtió el repertorio del conjunto en una mezcla cubana única de teatro estadounidense, estilos de danza afrocaribeña y ballet clásico europeo.

La compañía pasó a llamarse entonces Danza Contemporánea de Cuba (DCC), pero su espíritu intrínsecamente cubano sigue hoy intacto. Alrededor de 60 bailarines proceden de la Escuela Nacional de Arte. Después de bailar con DCC, algunos de ellos han pasado a formar sus propias compañías experimentales más pequeñas.

DCC, bajo la dirección de Miguel Iglesias, proporciona a sus bailarines unas oportunidades excepcionales, pero también les supone unos excepcionales esfuerzos. Además de la disciplina física que requiere un régimen agotador de ensayos, Iglesias valora ante todo la espontaneidad y el intelecto de los bailarines y las bailarinas. "La gramática de la danza, las palabras de la danza, su movimiento," explica Iglesias, "pero una coreografía tiene que tener una idea central, una intención. Tenemos que proporcionar a las bailarinas y los bailarines los medios intelectuales para convertir esta técnica sofisticada en el lenguaje de la danza."

En DCC no dejan de aparecer caras nuevas, algo que Iglesias considera otro de los logros de la compañía: "Nuestro enfoque siempre es fresco. Cada nuevo miembro trae consigo nuevas experiencias, sentimientos, intenciones, etc. Son caras y cuerpos jóvenes, algunos muy jóvenes, pero siempre tienen un talento excepcional. No todos ellos llegan a ser estrellas, pero intentamos asegurarnos de que cada cual desempeñe el papel correcto."

Con más de 70 trabajos en su repertorio activo, DCC ha ido de gira por las Américas, por Europa, Asia y África. Y ello a pesar de un presupuesto anual que parece ridículamente pequeño para una compañía de esta envergadura. "A menudo nos faltan recursos para hacer algunas producciones," admite Iglesias. "Un coreógrafo necesita dinero para materializar su sueño. Pero vamos a ser sinceros, a veces los sueños son tan grandes que no hay dinero suficiente para hacerlos realidad."

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